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La moda sostenible, más allá de las tendencias

Ver una crisis como una oportunidad de evolucionar y avanzar es lo que nos ha permitido a los seres humanos garantizar nuestra existencia.

La moda empezó como una necesidad para protegernos del clima y, con el tiempo, se convirtió en una herramienta de comunicación de lo que somos. Hoy, la gigantesca industria textil y de moda enfrenta nuevos desafíos, más allá de las tendencias, retos y paradigmas que nos invitan a seguir avanzando, con un despertar de consciencia. No podemos desconocer como un acelerador del cambio, dentro de todos sus impactos negativos, la crisis originada por el nuevo coronavirus, que ha hecho replantearse a todas las grandes industrias, incluida la textil. 

Los desafíos antes del efecto pandemia

Consumidores más informados y conectados

En el 2013 surge el movimiento Fashion Revolution como respuesta al incidente en Bangladesh, donde el desplome de un edificio cobró la vida de más de mil personas (la mayoría de ellas mujeres jóvenes) que trabajaban en esta fábrica confeccionando prendas para diferentes marcas globales. La situación puso en evidencia las frágiles condiciones laborales de esta industria. Desde ese momento, bajo la campaña Who made your clothes (quién hace tu ropa­), exigen a las marcas trabajo digno y justo para los trabajadores, la protección de los recursos naturales y despiertan conciencia en millones de consumidores.  

Conoce más sobre Fashion Revolution

Cambio climático y el cambio de paradigmas. Según la ONU, la industria textil y de moda es la segunda más contaminante del planeta. A causa de esto, se traza un paradigma de que la moda ya no está solo para protegernos del clima, hoy los activistas y consumidores protegen al medio ambiente de la moda,  de los efectos causados por el fast fashion (moda rápida). Un paradigma en el que los protagonistas son los jóvenes.

Por otro lado, los materiales han sido resignificados en los últimos años. Toneladas de residuos que terminan en el mar, se transforman en nuevos insumos textiles para diseñar y elaborar nueva indumentaria. Así mismo, grandes marcas han creado iniciativas para cerrar el ciclo y partir del material que se recupera para producir nuevas colecciones. También, las second hand brands, que se encargan de reparar y acondicionar ropa en buen estado y de excelente calidad para darle una nueva vida útil, han tomado más fuerza en los consumidores.  

La crisis y el efecto pandemia

Con los efectos económicos, sociales y culturales que ha desencadenado el COVID-19 a nivel mundial, se suman nuevos retos. Los calendarios, colecciones, pasarelas, ferias e incluso las propuestas creativas, han tenido que sumarse a un proceso de cambio acelerado; a dar pasos agigantados en nuevos retos organizacionales, de PR, de producción y de recursos humanos; obligando a esta industria millonaria a reinventarse en lo que muchos críticos afirmarían: “el deber ser”.

 En los últimos 10 años, en las escuelas y grandes empresas de moda se ha venido incorporando el concepto de sostenibilidad. Una palabra muy usada por acciones de marketing, pero que, si se adentran en los procesos de la cadena de valor de varios negocios del sector, la cadena tambalea. Muchas empresas, pueden estar generando impactos valiosos en este sentido, sin embargo, muchas otras pueden quedarse simplemente en acciones de greenwashing, desencadenando movimientos como los que ya se mencionaron. 

 Greenwashing o “real green”, vemos como la pandemia ha impulsado la conciencia hacia el consumo responsable, que altera las predicciones de tendencias y consumo de la industria. Varias firmas han optado por reducir el número de colecciones lanzadas al año. Lo que, a mí modo de ver, representa un desaceleramiento del fast-fashion. Desde nuestros Smartphones somos testigos de un auténtico apoyo a la industria local, resignificando las manos de quienes cosen cada botón. 

Si bien, las crisis, los paradigmas y la necesidad de avanzar, nos acercan cada vez más a la cuarta revolución industrial y a reescribir nuestra realidad, veo con esperanza que la industria textil y de moda junto a los consumidores activos y conscientes están alineando sus criterios para reabrir la conversación y dar un paso más hacia el desarrollo sostenible. 

Artículo escrito por: Catalina Gómez, Comunicadora social y productora de moda, apasionada por la gastronomía y por las pequeñas cosas de la vida. Atrapa las ideas para construir soluciones efectivas que convierten los problemas en oportunidades. Su misión en good;), garantizar que lo que hacemos tenga un propósito y cumpla con la calidad que nos caracteriza. Es feliz estableciendo lazos de confianza con el equipo y trabajando en pro de su bienestar por medio de la comunicación organizacional.